Cuando sientas que la angustiosa cotidianeidad,
a la que ordinariamente denominamos vida, te ahoga;
te mantiene maniatado, humillado y no te deja respirar.
Con cinco minutos en el mayor de los casos suele bastar.
Toda tu existencia pasa fugaz y sin detenerse por tu mente,
los buenos y malos momentos, experiencias ya vividas
y las que se han quedado en el tintero sin ser transcritas
al pergamino en el que están garrapateados tus sueños.
Y de repente a lo lejos del túnel vislumbras una tenue luz,
que poco a poco cuanto más avanzas en dicho pasadizo,
que ni conoces ni sabes que narices pintas tú en él,
se va haciendo cada vez más intensa y atrayente.
Ya nada de lo que pase en el mundo de los vivos te afecta.
No tendrás que volver a levantarte temprano, ni hacerte la cama.
Ir al trabajo y ver al impresentable de tu jefe, sus cuervecillos y pelotas.
Ni intentar llegar a final de mes con esa mierda de sueldecillo.
Habrás pasado sencilla y llanamente a mejor vida.
R. I. P.
Amén
No hay comentarios:
Publicar un comentario