que bonita estaba la noche llena de estrellas;
la luna nos miraba con disimulada curiosidad
y yo deseoso quedé de haberte podido besar.
Mis sueños se cuelan en tus pensamientos
buscando entrar sin hacer ruido en ellos.
Mientas mis ojos se posaban en toda tú,
esbelta escultura, iris de ámbar, cuerpo de terciopelo.
Las hadas del amor y la pasión, desde entonces,
revolotean en el interior de mi corazón
y atizan y encienden mis gozos,
despiertan en mi sentimientos de ensueño.
Ahora ya no hay lumbre que apague
ésta ardiente sed que de ti tengo,
mi cuerpo hierve de apasionado ardor
y solo con mi soledad te espero.
Varado quedó todo éste paisaje
en la muñeca del impasible tiempo.
y tu imagen grabada, cual tatuaje de un atardecer,
en las neuronas de mi nuevo despertar en ti.
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