la vida no me llena, la muerte no me llama.
La cruel monotonía se afianza en mi panza,
yo, marioneta a expensas de su venganza.
Pulula sobre el viento
el canto de un ruiseñor.
En su melodiosos sonidos
se denotan la tristeza y la alegría;
sueños y quimeras, llantos y risas.
Ante todo consigue transmitir
una vida intensamente vivida,
algo que, aunque mañana
la envidiosa Parca le llame a su seno,
nadie nuca le podrá arrebatar.
El aprendiz de poeta y trovador de ésta canción,
su propia historia, prosigue su sino,
ajeno e indiferente a lo que los demás
de él mismo puedan opinar.
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