Mientras vosotros dos y yo seguimos atrapados
en esa lejanía en la que habita el tiempo,
mi soledad y vuestra ausencia,
a hurtadillas y arropadas por la oscuridad
cuchichean anacronías que yo no entiendo.
O será más bien que yo ya no distingo
lo propio de lo ajeno y el pasado y presente,
entremezclados, acuchillan mis sentidos desbocados;
que sin rumbo, horizonte ni norte fijo,
vagan hacia un futuro incierto del cual nada espero.
Entonces en un destello de loca cordura me revelo,
pataleo, araño, grito, lloro y río, hasta muerdo;
pasando a ser aquél niño pleno de revoltosa inocencia
y la adrenalina corretea en disparatados saltos y vaivenes,
cual montaña rusa en desbocada huida y sin acierto.
Pero la realidad con sus afiladas garras me desgarra,
marcando sin piedad y con el fuego de su prepotencia
profundos surcos de su esencia, cual pinturas abstractas
en una piel llena de pliegues, arrugas y cráteres;
la de éste cansado, abatido e insensible cuerpo.
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